Las peleas de gallos de Canarias en el Patrimonio Cultural Inmaterial de España
Nicolás Lezcano
Para quienes se han empeñado en convertir nuestro noble
deporte en un vil juego de azar y los reñideros en casinos creo que les podría
interesar este valiosísimo estudio, publicado en noviembre de 2024, en la
página del Ministerio de Cultura, sobre la participación de animales en el
Patrimonio Cultural Inmaterial de España, en el que se incluyen “Las peleas de
gallos en Canarias”.
Adjuntamos el enlace a la pagina del ministerio, el del documento, y a continuación reproducimos el capitulo que nos atañe y al que vale la pena dedicarle un rato de lectura.
Enlace al documento:
Página 103, capitulo 6.9. Las peleas de gallos en Canarias
Denominación: Peleas de gallos en Canarias
Otras denominaciones: Riñas de gallos
Ámbito temático PCI: Representaciones, escenificaciones,
juegos y deportes tradicionales. Conocimientos tradicionales sobre actividades
productivas, procesos y técnicas.
Comunidad Autónoma: Islas Canarias
Provincia/s: Santa Cruz de Tenerife (Tenerife, La Palma y El
Hierro) y Las Palmas (Fuerteventura, Gran Canaria, y Lanzarote)
Localidad/es: Diferentes localidades en las que existen
galleras.
Descripción: Desde el punto de vista antropológico, las
peleas de gallos están enmarcadas dentro del grupo de actividades deportivas,
juegos y celebraciones que conllevan competencia entre animales o entre
animales y humanos (Marvin, 1984; Ontillera-Sánchez, 2024). Constituyen un
evento o una práctica social en la que participan animales, pero también un
conjunto de conocimientos en torno al manejo y la cría de los animales cuya
raza está seleccionada específicamente para la actividad. Es por ello que desde
el punto de vista patrimonial podría encuadrarse en dos ámbitos del Patrimonio
Cultural Inmaterial: en el de las representaciones, escenificaciones, juegos y
deportes tradicionales; y en el de los conocimientos tradicionales sobre actividades
productivas, procesos y técnicas.
La manifestación cultural se exceptúa en la legislación
autonómica de protección animal desde finales del siglo pasado, con una serie
de limitaciones que proyectaban una desaparición natural. Sin embargo, a pesar
de las restricciones, la actividad se encuentra muy viva. Las peleas de gallos
se desarrollan en las poblaciones donde se percibe y valora como tradición, con
certámenes regionales y torneos organizados por una agrupación de los clubes y
asociaciones que se denomina Federación Gallística Canaria.
Las peleas de gallos son un evento en el que dos gallos se
enfrentan uno contra uno en una estructura circular, cercada y elevada sobre el
suelo, denominada reñidero o gallera. Los gallos que pelean son ejemplares
seleccionados de la variante canaria del combatiente español, raza aviar
catalogada como autóctona en España (Ministerio de Agricultura, Pesca y
Alimentación, 2024). La selección la realizan los casteadores, personas que se
dedican al manejo y la cría de la raza aviar.
La valla que rodea la gallera dispone de asientos para el
público, la mayoría casteadores, familiares, amigos y aficionados. En la
actividad además de los gallos, participan los soltadores, personas
especializadas en la suelta de los gallos, y los jueces, conocidos como jefes o
presidentes de valla. La temporada de peleas va de enero a junio y la mayoría
de participantes son hombres, aunque también se registran mujeres, incorporadas
hace algunos años en la crianza de los gallos (Ontillera-Sánchez, 2024, p. 69).
Una hora antes de que comiencen las peleas, los casteadores
acuden al reñidero transportando las aves en cajones acondicionados. Después de
colocarle las espuelas de plástico, suministradas por la Federación, las
entregan a la organización. Los gallos se emparejan de antemano utilizando el
mismo peso como criterio. Este emparejamiento se conoce como “casada”. Antes de
cada pelea los gallos se limpian y acicalan frente a los jueces y el público.
Cuando ambos gallos están listos, se carean y se sueltan a cierta distancia.
Los soltadores abandonan la valla y comienza la pelea. Un gallo vence la pelea
si consigue que el otro huya o deje de pelear. Existe la posibilidad de un empate
(tablas) por haber un límite de tiempo en los campeonatos o por acuerdo entre
los equipos llamados también galleras. Cuando terminan las peleas, los gallos
se retiran y los casteadores revisan las lesiones y aplican los tratamientos
para curar a las aves. Algunos gallos mueren en las peleas o son gravemente
heridos. El Reglamento de la Federación contempla dos formas de participación
para las galleras adscritas: el sistema de contrata y el de campeonato
Siguiendo la etnografía de Ontillera-Sánchez, los
casteadores crían más de una línea de aves de pelea en sus granjas, “utilizando
diferentes emparejamientos de gallinas y gallos como estrategia para revelar si
determinadas gallinas (madre) son mejores que determinados gallos (padre) y
viceversa (2024, p. 71). Los pollos se mantienen juntos antes de que alcancen
la madurez sexual. Durante ese tiempo, entre los tres y los ocho meses, los
casteadores suelen emplear un machero, un gallo de pelea adulto que evita que
los pollos se peleen entre sí, retrasando el encierro en jaulones. En ese
tiempo el casteador observa el comportamiento del pollo con los demás, si
intenta ser dominante. La primera etapa de la cría del gallo es de pura
crianza. Cuando la cohabitación de los pollos se vuelve insostenible, se
separan. Los casteadores introducen algunos procedimientos para comprobar la
valía de los gallos seleccionados, como los combates (“pechas”) para determinar
si las aves tienen cualidades necesarias para pelear en una competición. Se
observan las reacciones de los gallos, si su voluntad es la de seguir peleando
en condiciones diferentes y difíciles. La selección de los gallos de pelea va
más allá del fenotipo y las características morfológicas del ave. La cualidad
más preciada en los gallos es la de seguir luchando. La “cuida” del gallo
abarca la crianza, la preparación con pechas y ejercicio en estructuras como
voladeras y correderas, y la alimentación con millo y distintas frutas. A
través de estos cuidados el casteador pretende sacar y revelar la casta que
tienen.
Los orígenes documentados de las peleas de gallos en
Canarias se sitúan a comienzos del siglo XVIII, en el marco de la Casa de los
Coroneles (La Oliva, isla de Fuerteventura), aunque por lógica histórica
podrían remontarse a los primeros asentamientos coloniales y las travesías
marítimas hacia el continente americano, a tenor de los gallos de pelea
jerezanos que transportaban las embarcaciones y que hacían parada en Canarias
(Lezcano, 2017). La raza de gallos de Jerez se exportaba a América. Cardona
Sosa (1995, p. 299), siguiendo referencias de Pedro Cárdenes Rodríguez cita la
presencia de las peleas después de la incorporación a Castilla, siendo el
coronel don Francisco Manrique de Lara, ubicado en Fuerteventura, uno de sus
mayores impulsores. La actividad se realizaba en una habitación de la Casa de
los Coroneles formando un círculo de dos metros de diámetro.
Durante el siglo
XVIII las peleas de gallos fueron el entretenimiento por excelencia de la
sociedad canaria y de la Península Ibérica. Se criaban y se realizaban apuestas
y también se rivalizaba entre los partidos. Se considera a Ernesto Huertas de
Garachico el primer casteador de las Islas Canarias. A mediados del siglo XIX
en Gran Canaria existían varios partidos de gran rivalidad: Las Palmas, Arucas,
Telde y Los Llanos. De Tenerife se conoce la existencia de un contrato entre
dos partidos firmado en Matanzas en 1811 por los aficionados. De La Palma se
dice que la afición se ha caracterizado por una continuidad desde tiempo
inmemorial tanto en la capital como en los pueblos de Tazacorte y Los Llanos.
En Lanzarote las peleas están censadas en 1859 en el partido de Arrecife. La
Gomera es la única isla en donde no está documentada.
A lo largo de los
siglos la práctica esquivó prohibiciones como las del Corregidor de Tenerife en
1786 que ordenó la prohibición de casas de La Laguna y Santa Cruz de Tenerife.
En Garachico, el teólogo Francisco Martínez Fuentes escribió un discurso contra
el juego de gallos en 1803, por la popularidad que tenían.
Por los datos ofrecidos en 1987 se deduce que a finales del
siglo XX la práctica se mantuvo de forma minoritaria en trece partidos: 3 en
Las Palmas, 4 en La Palma, 4 en Tenerife y 2 en Lanzarote, que compiten de
forma heterogénea (Cardona, 1995). En Las Palmas jugaban una liguilla. El
Primer Campeonato Regional se celebró en La Palma 1987. Con la aparición de la
ley de protección y bienestar animal canaria en 1991, la actividad se
reorganizó y comenzó a tratarse la cuestión de crear un ente unificador de los
colectivos en las islas para garantizar el desarrollo de la actividad.
Ante el aumento de aficionados, en el año 2004 las
asociaciones galleras se reunieron en Las Palmas de Gran Canaria para abordar
el proceso de constitución de la Federación Gallística Canaria. Se crearon unos
Estatutos y se nombró una Comisión Gestora. La Federación quedó inscrita en el
Registro de Asociaciones del Gobierno de Canarias en 2005. Actualmente la
Federación Gallística Canaria representa los intereses del colectivo.
Agentes y comunidades
relacionadas:
- Gallo canario
colorado. Variedad de gallo dentro de la raza combatiente español cuyo origen
se supone mezcla del jerezano y un tipo de gallo inglés (old english game),
aunque su descripción no se encuentra específicamente en el Catálogo oficial de
razas ganaderas (ARCA) del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Lezcano Redondo (2017), ofrece una descripción morfo-estructural del fenotipo.
Según esta, el gallo canario es de cabeza pequeña, alargada en forma de reptil;
ojos pardos amarillentos a rojos o naranja; pico corto, grueso y fuerte,
ligeramente alargado y curvo de color córneo amarillento; cresta simple o
sencilla; barbilla pequeña con orejillas rojas; cuello largo, fuerte y curvado
con plumas largas y abundante llegando sobre los hombros, envolviéndolos por
completo; las alas son largas y fuertes, cubren los muslos y se juntan por
detrás bajo la cola. El pecho es ancho y desarrollado con muslos fuertes y bien
separados. Los tarsos y patas son finas y de mediana longitud, finas y sin
plumas con escamas pequeñas amarillas, verdes o gris pizarra. Posee cuatro
dedos finos, fuertes, bien separados. La cola es larga y ahorquillada. El gallo
canario se caracteriza por un plumaje fino y lustroso con colores vivos, brillo
metálico y espuelas tirando de amarillas a negras. Lezcano (2017, p. 29) cita a
José Viera y Clavijo para caracterizar la principal cualidad diferenciadora:
“Esta raza, fue muy considerada por los aficionados de la Península, América y
Filipinas. Son semejantes a los gallos Jerezanos y Asturianos, pero con una
lucha muy desigual en la forma de pelear y de herir, más quebradizo pero más
heridor que el duro gallo Jerezano. El Canario es de aspecto arrogante,
esbelto, valiente, heridor, inteligente para la lucha, pendenciero y
malintencionado”. –
Federación Gallística Canaria. Entidad asociativa que reúne
a las Asociaciones o Clubes dedicados a la selección, cría y competición de
gallos finos o de riña en la Comunidad Autónoma de Canarias. La Federación
tiene por finalidad agrupar a los colectivos que practican las peleas de
gallos, cumpliendo con lo establecido en la Ley 8/1991, de 30 de abril, de
Protección de los animales de Canarias y la Ley 4/2003, de 28 de febrero, de
Asociaciones de Canarias. Son funciones de la Federación: la representación de
sus miembros ante cualquier organismo; la regulación y el cuidado porque la
práctica se desarrolle respetando la normativa en materia de asociaciones y de
protección animal; Estudio sobre la participación de animales en el PCI de
España 107 la preservación, control y difusión de todo lo relacionado con la
actividad gallística en Canarias; y la mediación o arbitraje en las cuestiones
de desacuerdo entre socios que afecten al desarrollo de la actividad, entre
otras. Las asociaciones y clubes que pertenecen a la Federación figuran en el
Registro de Asociaciones de Canarias o el Registro de Entidades Deportivas de
la Comunidad. La Federación organiza los campeonatos de Canarias, de ámbito
regional, y los torneos de casteadores, estableciendo las normativas y
reglamentos.
- Galleras. Las
galleras son los lugares en los que se realizan las pruebas de gallos,
certámenes y torneos de casteadores, aunque también se conoce por gallera a los
colectivos que se agrupan en torno a uno de estos recintos, formado por
casteadores de gallos. Funcionan siete meses al año, de diciembre a junio,
coincidiendo con el celo de los animales y durante ese tiempo alberga una
cantidad aproximada de trescientas aves, entre competición y competición. Las
galleras o casas de gallos son mantenidas por un gallero y un ayudante. Según
datos extraídos de la web de la Federación Gallística Canaria, en la actividad
participan las siguientes galleras:
- Lanzarote: Galleras de Teguise (Teguise), la Gueria
(Teguise), y Rofero de Tinache (Tinajo).
- Fuerteventura:
Galleras de San Miguel (Tuineje), La Espuela Roja de Tamasite (Tuineje), Isla
Larga (Tindaya-La Oliva), Unión Majó (Puerto del Rosario), Escanfraga (La
Oliva), y El Mayazo (La Oliva).
- Gran Canaria:
Galleras Telde (Telde), El Gallardete (Telde), Finca Longuera (Montaña
Cardones, Arucas), Tradiciones Canarias y Cubanas (San Bartolomé de Tirajana),
Gáldar (Gáldar), Amigos del sur (Valsequillo), Unión San José (Las Palmas de
Gran Canaria), y La Tradición (Las Palmas de Gran Canaria)
- Tenerife: Galleras
La Espuela (Tenerife), Los Revuelos (Garachico), Güímar (Güímar), El Agujero
(Arafo), y Partido Norte (Santa Ursula).
- El Hierro: Galleras
La Guancha (Guarazoca-Valverde), La Riña (Valverde), Frontera y San Andrés
(Frontera), La Picota (Frontera)
- La Palma: Galleras
Argual (Los Llanos de Aridane), El Paso (Los Llanos de Aridane), La Libertad
(La Palma), Los Llanos (Los Llanos de Aridane), El Laurel (Los Llanos de Aridane),
La Orilla (Los Llanos de Aridane). Tazacorte (Tazacorte), El Pinito (Los Llanos
de Aridane), Guerra (La Palma), Nueva Gallera (La Palma), El Morro (Los Llanos
de Aridane), Hermanos Pulido (Los Llanos de Aridane), y Los Llanitos
(Puntallana).
- Soltadores y jueces. Personas especializadas en la suelta
de los gallos en el reñidero o gallera y en la vigilancia de la competición
deportiva. Jueces y soltadores no son personal de la Federación Gallística
Canaria, sino que son elegidos por los propios equipos en la modalidad de
contrata, o por la organización en el caso de los campeonatos.
- Casteadores.
Personas especializadas en la crianza, preparación, alimentación y selección de
los gallos de pelea. Su nombre se debe al rol que desempeñan como seleccionadores
para sacar o descubrir la casta del gallo de pelea. Son los cuidadores de las
aves y los que mantienen una relación con la especie. Ontillera-Sánchez señala
que el medio fundamental de la comunicación entre el casteador y los gallos son
las manos: “Con ellas un casteador conoce el peso de un gallo sin necesidad de
balanza, sabe si un gallo está demasiado agarrotado (requintado) muscularmente
por un exceso de preparación, acaricia alas, picos y plumas para comprobar si
hay alguna herida, trabaja sus reflejos con ejercicios de vuelo y le carea
antes de una pelea” (2024, p. 74). En los últimos años se han incorporado
mujeres casteadoras.
Valores culturales:
Las peleas de gallos constituyen una práctica tradicional arraigada en las
islas Canarias, con más de trescientos años, y con conexión cultural en
Iberoamérica (Cuba y México). Desde el punto de vista sociocultural constituye
una afición y un deporte que aúna conocimientos tradicionales en torno a la
cría, selección y manejo de gallos de pelea. La actividad conforma una
organización social (asociaciones, clubes, y casteadores) que se mantiene
activa la mayor parte del año en los locales donde se realizan las pruebas. Las
galleras son equiparables a cualquier otra entidad asociativa, organizando
actividades culturales que promocionan la identidad canaria, como la lucha
canaria, o certámenes de bailes y músicas tradicionales. La manifestación
cultural se plasma en un léxico propio (Pérez-Corrales, 2008).
La actividad no se
encuentra registrada en el Atlas del Patrimonio Inmaterial de Canarias, ni como
juego tradicional (peleas de gallos), ni como conjunto de conocimientos
relacionados con la cría y el manejo de los gallos.
Transformaciones:
La implantación de la Ley 8/1991, de 30 de abril, de Protección de los
Animales, ha sido el contexto para introducir la mayoría de cambios en esta
manifestación cultural. La ley animalista suprimió todas las peleas con
animales en las islas (carneros, perros, vacas), por considerarlas cruentas e
impropias de una sociedad moderna y evolucionada. Sin embargo, en el caso de
los gallos se exceptuó en el articulado “propiciando su desaparición natural
mediante mecanismos normativos”. Décadas después de que se legislara para
hacerlas desaparecer, la práctica cultural continúa viva en el marco de las
condiciones que marca la ley (limitación de las galleras, prohibición de acceso
a menores de edad, sin apoyo de la Administración para el fomento y la
promoción). Una de las consecuencias de la aplicación de ley es que los
criaderos de aves deben estar dados de alta como núcleos zoológicos en el
Registro de Explotaciones Ganaderas de Canarias. Otro de los efectos de la
norma es la autofinanciación de la actividad mediante aportaciones de sus
socios y la organización de un torneo al año.
En este contexto, se ha producido una reorganización de la
actividad a partir de la creación de una Federación Gallística Canaria (2005)
que aúna los intereses colectivos de los casteadores y las galleras, y se ha
promovido un reglamento de competición homogéneo que ordena la práctica
mediante dos fórmulas: torneos de casteadores y campeonatos. En 2017 se
registraron 43 galleras o asociaciones deportivas federadas y se expidieron
1176 carnets a aficionados y casteadores.
Otra de las transformaciones a resaltar es la participación
de mujeres casteadoras, tema interesante para la investigación ya que el papel
de las mujeres en la actividad desafía la visión interpretativa de las peleas
de gallos como un duelo fálico simbólico (Ontillera Sánchez, 2024, p. 79).
Controversias: Las
peleas de gallos son una manifestación cultural controvertida debido a su
percepción como espectáculo donde se produce violencia entre animales. Desde el
punto de vista social, existen percepciones tanto a favor, por parte de los
colectivos participantes en la actividad, como en contra. La mayoría de los
colectivos animalistas la tienen como práctica tradicional a erradicar por
considerarla cruenta, salvaje y bárbara, una tradición en la que los gallos son
sometidos a una lucha que puede conducir a la muerte del animal, siendo
contraria al derecho a la vida.
Desde la Federación Gallística Canaria se insiste en los
valores culturales de la tradición de los gallos canarios como raza propiamente
dicha dentro del combatiente español. Insisten en los valores de la actividad
como proceso de cría de unos animales que vienen siendo seleccionados desde
hace siglos. Siguiendo el juego de palabras de Ontillera Sánchez (2024) se trata
de gallos de pelea, no de gallos para pelear. No obstante, hasta la fecha el
Colegio Veterinario de Santa Cruz de Tenerife no ha reconocido que las aves
empleadas en estos eventos sean de una raza propiamente dicha con un fenotipo
definido, de ahí que se estén dando pasos para proteger a los gallos,
definiendo y creando un estándar genético, como en Andalucía con el gallo
Combatiente Español.
Según información
publicada en prensa, la reformulación de la nueva ley de protección animal en
Canarias vaticina una prohibición de la actividad sin excepciones.
Riesgos y
posibilidades de salvaguardia: Las peleas de gallos en Canarias son una
actividad resiliente. Desde finales del siglo XX se mantienen de forma
autogestionada, oficialmente sin apoyo de las Administraciones locales e
insulares y sin ningún tipo de promoción y fomento. Es una actividad abierta
que acoge a nuevos aficionados y casteadores de gallos, pero cerrada al no
poder crecer más allá de los establecimientos que se reconocen como
tradicionales.
A diferencia de Andalucía que sí reconoce la raza del gallo
Combatiente Español y permite las peleas de gallos en el contexto de cría y
mantenimiento de la especie, Canarias no tiene estudios genéticos elaborados
para considerar a los gallos canarios una raza aviar en el Catálogo de Razas
del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. La protección de la raza
aviar supondría el establecimiento de un libro genealógico y un programa de
cría, aprobado por las instituciones implicadas, lo que supondría una
regulación de la actividad.

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